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Evento destacado para la Industria de Alimentos

Alimentos ultraprocesados bajo revisión en EE. UU.

  • Foto del escritor: Redacción I&V News
    Redacción I&V News
  • 20 ene
  • 3 Min. de lectura

alimentos ultraprocesados

Por qué definir “ultraprocesado” se vuelve una necesidad regulatoria


En los últimos meses, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (U.S. Department of Health and Human Services) ha anunciado nuevas acciones regulatorias e iniciativas de investigación enfocadas en los alimentos ultraprocesados (UPFs).


Este movimiento confirma que el tema ha dejado de ser exclusivamente académico o mediático para convertirse en un asunto de interés regulatorio y de política pública.


Para la industria alimentaria, este cambio es relevante no solo por el posible impacto en recomendaciones nutricionales o guías de consumo, sino porque pone en evidencia un vacío clave: no existe hoy una definición regulatoria clara y oficial de qué se considera un alimento ultraprocesado en Estados Unidos.


Y sin definición, cualquier acción regulatoria futura se vuelve compleja e incierta.


¿Qué anunció el HHS y por qué importa?


El HHS ha señalado que fortalecerá la investigación científica sobre los efectos del consumo de alimentos ultraprocesados y evaluará posibles acciones regulatorias relacionadas con nutrición y salud pública.


Estas iniciativas se alinean con preocupaciones crecientes sobre:

  • El aumento de enfermedades crónicas asociadas a la dieta.

  • El alto consumo de productos con perfiles nutricionales desfavorables.

  • La necesidad de actualizar herramientas de evaluación y comunicación de riesgos.


Aunque no se han anunciado prohibiciones ni cambios normativos inmediatos, el mensaje es claro: el concepto de ultraprocesado empieza a ser relevante para la toma de decisiones regulatorias.


El problema de fondo: ¿qué es realmente un alimento ultraprocesado?


Hoy, el término “ultraprocesado” se utiliza de forma amplia, pero poco consistente. En la práctica, conviven distintos enfoques:

  • Clasificaciones académicas, como el sistema NOVA, que agrupa alimentos según su nivel de procesamiento.

  • Interpretaciones públicas o mediáticas, que suelen asociar ultraprocesado con “industrial”, “artificial” o “no saludable”.

  • Criterios implícitos del mercado, basados en listas de ingredientes, aditivos o formulaciones complejas.

  • En redes sociales todo es ultraprocesado aunque el "influencer" no entienda de lo que habla


El punto crítico es que ninguna de estas definiciones tiene estatus regulatorio formal en EE. UU..


Para la industria, esto genera ambigüedad: un mismo producto puede ser considerado ultraprocesado según un criterio, pero no según otro.


¿A quién impacta este debate?


La discusión sobre los alimentos ultraprocesados impacta a múltiples actores de la cadena alimentaria:

  • Fabricantes de alimentos procesados, especialmente productos listos para consumo.

  • Áreas de calidad, regulación y cumplimiento, que deben anticipar posibles cambios.

  • Equipos de formulación e innovación, ante escenarios de reformulación.

  • Marketing y comunicación, frente a mensajes cada vez más sensibles para el consumidor.

  • Proveedores de ingredientes, cuyos insumos podrían quedar bajo mayor escrutinio.


No se trata de un tema exclusivo de grandes corporativos; empresas medianas y pequeñas también pueden verse afectadas.


¿Qué significa esto para las empresas?


Aunque todavía no existe una definición oficial, el enfoque del HHS anticipa varios escenarios posibles que conviene analizar desde ahora:

  • Mayor uso del término “ultraprocesado” en guías dietéticas y documentos oficiales.

  • Discusiones técnicas sobre criterios basados en ingredientes, procesos o perfiles nutricionales.

  • Presión indirecta para reformulación, simplificación de etiquetas o mayor transparencia.

  • Riesgos de comunicación si el término se utiliza sin un marco técnico claro.


La clave es entender que el riesgo principal hoy no es la regulación en sí, sino la falta de claridad.


Puntos clave a considerar desde una perspectiva técnica


Para los equipos de calidad, regulación e inocuidad, este contexto abre la necesidad de revisar internamente algunos aspectos:

  • Cómo se definen y documentan los procesos de elaboración.

  • Qué criterios se utilizan para evaluar ingredientes y aditivos.

  • Si existen argumentos técnicos sólidos para explicar el producto frente a cuestionamientos externos.

  • Qué tan alineadas están las formulaciones con tendencias de simplificación y transparencia.

  • Cómo se gestiona la coherencia entre perfil nutricional, comunicación y cumplimiento normativo.


No se trata de cambiar todo de inmediato, sino de entender el escenario y prepararse.


Una reflexión para la industria


El énfasis del HHS en los alimentos ultraprocesados no debe interpretarse como una condena generalizada a los alimentos procesados, sino como una señal de que la forma en que se define, evalúa y comunica el procesamiento de los alimentos está evolucionando.


Para la industria alimentaria, el reto será participar activamente en este debate con base en ciencia, evidencia técnica y diálogo informado.


Definir qué es —y qué no es— un alimento ultraprocesado será fundamental para construir regulaciones claras, aplicables y coherentes.


Anticiparse, entender el contexto y revisar los propios sistemas es, hoy, la mejor estrategia.


La industria no se detiene.


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