Lo que no vendes también cuesta


El gasto invisible detrás de una operación de alimentos
Empaques, productos de limpieza, consumibles y artículos operativos rara vez reciben la misma atención que las materias primas.
Sin embargo, una gestión deficiente puede incrementar costos, generar variabilidad y consumir horas de trabajo cada semana.
Cuando una empresa de alimentos busca mejorar su rentabilidad, normalmente comienza por los lugares más evidentes.
Precio de materias primas. Mano de obra. Rendimiento del proceso. Energía. Desperdicio. Transporte.
Pero existe otra categoría que, aunque puede representar cientos o miles de compras durante el año, frecuentemente permanece dispersa entre diferentes presupuestos, departamentos y proveedores.
Son los productos que la empresa necesita para trabajar, pero que no vende.
Materiales de limpieza, sanitizantes, papel, consumibles, algunos materiales de empaque, artículos administrativos y otros suministros forman parte de lo que en compras se conoce como Goods Not For Resale (GNFR).
Individualmente pueden parecer gastos menores.
En conjunto, pueden convertirse en una importante oportunidad de ahorro y eficiencia.
¿Qué son los GNFR?
El concepto es relativamente sencillo.
Los GNFR son bienes y servicios necesarios para mantener funcionando una operación, pero que no forman parte de aquello que se vende directamente al consumidor.
En un supermercado pueden incluir bolsas, artículos de limpieza, papel, suministros administrativos y consumibles.
En un restaurante aparecen servilletas, productos de limpieza, utensilios, empaques para servicio, artículos desechables y diferentes suministros operativos.
Y en una planta de alimentos podemos encontrar desde productos químicos de limpieza y equipos de protección hasta consumibles de laboratorio, etiquetas internas, artículos de mantenimiento y una larga lista de materiales utilizados diariamente.
El problema es que, precisamente porque muchos de ellos tienen un costo unitario relativamente bajo, pueden recibir menos atención que las materias primas principales.
Ahí comienza el gasto invisible.
Cuatro horas comprando cosas que la empresa necesita
Una reciente reflexión publicada por Progressive Grocer pone números interesantes sobre la mesa.
De acuerdo con una encuesta de Walmart Business citada por la publicación, 37% de los responsables de pequeñas y medianas empresas dedican entre cuatro y siete horas cada semana a tareas rutinarias de compra.
Más llamativo todavía: cerca del 20% de los negocios encuestados indicó que estas actividades pueden consumir el equivalente a una jornada laboral completa por semana.
No se trata únicamente del precio de aquello que se compra.
También debemos considerar cuánto cuesta administrarlo.
Solicitar cotizaciones, generar órdenes, revisar existencias, buscar alternativas cuando falta un producto, recibir materiales, revisar facturas, corregir errores y realizar compras urgentes consume tiempo de personas que podrían estar realizando actividades de mayor valor.
El problema de comprar cuando algo se termina
Muchas organizaciones siguen administrando determinados suministros de manera reactiva.
Se termina un producto.
Alguien lo reporta.
Se busca dónde comprarlo.
Se genera una solicitud.
O, en el peor escenario, alguien sale físicamente a conseguirlo.
El problema aumenta cuando existen diferentes sucursales, plantas, almacenes o puntos de venta.
Una ubicación compra determinada marca; otra utiliza una presentación diferente; una tercera encontró otro proveedor porque ofrecía mejor precio.
Poco a poco, aquello que parecía una decisión práctica termina generando fragmentación.
La organización pierde visibilidad sobre cuánto compra, cuánto paga, qué productos utiliza y qué proveedores realmente representan la mayor parte de su gasto.
Digitalizar antes de automatizar
Una de las principales propuestas para mejorar esta situación es centralizar y digitalizar las compras rutinarias.
Pero digitalizar no significa simplemente sustituir una hoja de papel por una hoja de cálculo.
El objetivo es crear información que permita tomar decisiones.
Un sistema adecuado puede ayudar a conocer qué compra cada establecimiento, quién realiza las compras, cuánto se consume, cuáles categorías concentran mayor gasto y cuándo aparecen desviaciones respecto de los productos o proveedores autorizados.
Incluso puede relacionar niveles de inventario con procesos de reposición y generar alertas antes de que un suministro crítico se agote.
El resultado es pasar de:
“Compra cuando haga falta”
a:
“Sabemos qué consumimos, cuánto necesitamos y cuándo debemos reponerlo”.
Parece una diferencia pequeña.
Operativamente es enorme.
Una sola fuente de información
La centralización también permite responder preguntas que parecen sencillas, pero que muchas empresas no pueden contestar rápidamente.
¿Cuánto gastamos al año en productos de limpieza?
¿Cuántos proveedores diferentes nos venden materiales similares?
¿Por qué dos sucursales pagan precios distintos por el mismo artículo?
¿Cuánto consumimos realmente?
¿Estamos comprando presentaciones adecuadas?
¿Existen compras fuera de los proveedores aprobados?
Cuando la información se encuentra dispersa entre órdenes de compra, tarjetas corporativas, facturas, hojas de cálculo y compras realizadas directamente por diferentes departamentos, responder estas preguntas puede convertirse en un proyecto.
Una plataforma centralizada convierte esos datos en información utilizable.
En alimentos, estandarizar tiene otra ventaja
Aquí es donde el tema adquiere una dimensión adicional para nuestra industria.
En una empresa de alimentos, no todos los consumibles son intercambiables.
Cambiar un detergente, sanitizante, lubricante, guante, material de empaque o incluso determinados utensilios solamente porque otro proveedor ofrece un precio menor puede tener consecuencias que van más allá del presupuesto.
Pensemos en los productos químicos de limpieza.
Una planta puede haber desarrollado y validado un procedimiento utilizando determinada concentración, temperatura, tiempo de contacto y producto químico.
Si una sucursal o planta compra una alternativa sin evaluar previamente sus características, el cambio puede afectar la eficacia del procedimiento.
Lo mismo ocurre con materiales que entran en contacto con alimentos, equipos de protección, lubricantes grado alimenticio y otros insumos sujetos a especificaciones.
Por eso, en la industria alimentaria la centralización de compras no solamente puede reducir costos.
También puede fortalecer el control de especificaciones y la inocuidad.
Estandarizar no significa comprar siempre lo más barato
Este punto merece especial atención.
Una estrategia de compras eficiente no consiste simplemente en encontrar el menor precio unitario.
El costo real incluye otras variables.
Calidad, desempeño, vida útil, disponibilidad, tiempos de entrega, condiciones comerciales, servicio técnico y confiabilidad del proveedor pueden hacer que la alternativa aparentemente más barata termine siendo la más costosa.
También debe considerarse el consumo.
Un producto químico más barato que requiere utilizar una concentración considerablemente mayor podría no representar ningún ahorro.
Un empaque de menor precio que genera más desperdicio tampoco.
La comparación debe realizarse sobre costo total de uso, no únicamente sobre precio de compra.
¿Comprar más siempre significa ahorrar?
La compra por volumen puede reducir precios y disminuir la frecuencia de pedidos, especialmente para artículos de consumo constante.
Pero tampoco debe convertirse en una regla automática.
Comprar grandes cantidades requiere espacio, capital e inventarios correctamente administrados.
Además, algunos productos tienen caducidad o condiciones específicas de almacenamiento.
La decisión debería partir del comportamiento real del consumo.
Aquí nuevamente los datos son fundamentales.
Cuando una empresa conoce cuánto utiliza y con qué frecuencia, puede establecer niveles mínimos y máximos, puntos de reposición y cantidades óptimas de compra mucho más precisas.
Los datos también permiten anticiparse
La evolución natural de este modelo es pasar de controlar el inventario a predecir la demanda.
Las herramientas actuales pueden utilizar históricos de consumo y relacionarlos con ventas, temporadas, promociones, clima o eventos.
Un incremento en ventas puede significar también mayor consumo de empaques, productos de limpieza, papel, etiquetas y otros suministros.
La capacidad de anticipar esa necesidad permite evitar dos extremos igualmente costosos:
quedarse sin producto o comprar demasiado.
En ambos casos, la información transforma una actividad administrativa en una herramienta de planeación.
Antes de buscar una plataforma, revisa el proceso
La tecnología puede ayudar, pero instalar un software sobre un proceso desordenado solamente digitaliza el desorden.
Antes de automatizar las compras de GNFR, una empresa debería responder algunas preguntas:
¿Qué compramos?
¿Quién puede comprar?
¿Quién autoriza?
¿Cuáles productos están estandarizados?
¿Cuáles proveedores están aprobados?
¿Qué especificaciones deben cumplirse?
¿Cuánto consumimos?
¿Dónde almacenamos los productos?
¿Cuándo debemos volver a comprarlos?
Resolver estas preguntas puede revelar oportunidades de mejora incluso antes de invertir en una nueva plataforma.
De gasto administrativo a indicador operativo
Existe una oportunidad adicional.
Las empresas pueden comenzar a utilizar algunos de estos consumos como indicadores.
Costo de suministros por tonelada producida.
Consumo de químicos por unidad de producción.
Costo de empaque por pedido.
Gasto de limpieza por establecimiento.
Número de compras urgentes por mes.
Porcentaje de compras realizadas con proveedores aprobados.
Variación de precios entre ubicaciones.
Cuando estos datos comienzan a medirse, aquello que antes aparecía simplemente como “gastos varios” se convierte en información para gestionar el negocio.
La eficiencia también comienza detrás de escena
La experiencia del consumidor ocurre frente al mostrador, en el restaurante, en los pasillos del supermercado o cuando abre un producto.
Pero gran parte de la eficiencia necesaria para entregar esa experiencia ocurre donde el consumidor nunca mira.
En compras.
En almacenes.
En inventarios.
En limpieza.
En mantenimiento.
Y en cientos de pequeños consumibles que permiten que una operación siga funcionando.
Quizá por eso una de las oportunidades más interesantes para mejorar una empresa no esté necesariamente en aquello que vende.
Puede estar en comenzar a prestar atención a todo aquello que compra para poder venderlo.
Para la industria de alimentos, hacerlo correctamente puede significar menos costos, menos compras de emergencia, mayor estandarización y, en determinados insumos, también un mejor control de la inocuidad.
A veces las grandes mejoras operativas comienzan precisamente en esos pequeños gastos que nadie estaba mirando.
Fuente de referencia: Progressive Grocer, “Streamlining Grocery Operations Starts Behind the Scenes”, 24 de agosto de 2026.
Revista Inocuidad y Vida | Información para profesionales de la industria de alimentos





